La diva tranquila
La Vanguardia 23/12/2007

Adriana Calcanhotto

Lugar y fecha: Palau de la Música
(28/XI/2007)


ONG recgiendo fondos para proyectos de desarrollo en América del Sur. No hay entradas de prensa. Pero tanto da. Ahí arriba, en el escenario del Palau, estará la Calca, y para degustar tan lindo embrujo musical se paga una y cien veces. Rumboso y puntualmente fanático que es el crítico. El caso, les aseguro que lo merece. Un poco de Adriana Calcanhotto siempre es mucho.
La estrutuctura del concierto siguió en líneas generales la de Público (2000), disco grabado en directo en 1999. Es la que ha ofrecido en dos de los tres directos que le he podido ver en la península Ibérica, y es una propuesta tan minimal como esencialista y seductora. Pero el plus de esta ocasión es que lo ofrecía sin el incordio de fuegos artificiales dándole ruidera como sucedió en el Fòrum y al abrigo del aire libre. Y ese arropamiento de sala de conciertos, quien lo duda, le cae que ni pintado a la subtilidad de Calcanhotto y a lo que pide a gritos esa concreta propuesta en solitario. Silla, guitarra y canciones con una pincelada de chelo para el Music popularizado por Madonna. Con eso basta.Canciones desnudas, ¡pero qué canciones! Las de autoría propia, desde Cariocas hasta Maresia, redondas. Las ajenas, Calndestino, Eu seiq ue vou te amar, Les feuilles mortes,Tive razão, o Resistiré, pelotazos de muy variada y contrastada solvencia. Y con eso cautivó a la audiencia desde la cruz a la raya. Calcanhotto es la fuerza tranquila. Tiene un atractivo de diva por naturales, seduce con intimismo, incluso se diría que a ráfagas de timidez. Te canta a ti, modula para ti. Dentro de uno de los cosmos pop más ricos y polis´micos del planeta, el brasileño, donde son legión la mujeres con poderío aleonado y energía atómica (aparte de aquellas en las que ya piensa el lector, podríanse poner Alcione, Ana Carolina, Rita Lee, Cássia Eller, Daúde o Elza Soares), meterse al público en el bolsillo con cuatro suspiros como logra Adriana no es tarea al alcance de muchas. De la gran Calcanhotto diría yo. Y punto. Felices fuimos, pues, una vez más. Eso es maestría pura. Sin afeites. Sin colorantes ni conservantes. Para comérsela a besos.

Mingus B. Formentor