Voces heterónimas
La Vanguardia 31/07/2007


Un link dentro del link. Un nombre dentro del nombre. El site de una misteriosa Adriana Partimpim, escondido en el oficial de Adriana Calcanhotto, se expande de golpe: “Hokusai usó más de 40 nombres diferentes. Cuando murió a los 89 años se llamaba ‘Un viejo loco por el arte’”. El internauta avanza entre clicks, leyendo sobre heterónimos, sobre arte
japonés. Y de repente descubre una entrevista, un diálogo. Calcanhotto entrevista a Partimpim a raíz de un disco para niños de ésta última. Una artista, a solas consigo misma. Cara a cara con su heterónimo/lado oculto.
Calcanhotto: “No soporto la idea de determinar para qué público debe ser dirigida mi música...” Partimpim: “Yo tampoco. Considero peligroso pensar en música para jóvenes, para negros, para gays, para inmigrantes ilegales, para republicanos...” La entrevista (conversación-frente- al-espejo style) es un clásico. Texto multicitado, referencia de cientos de periodistas y/o fans. Entró en el ciberespacio en 2004, año de lanzamiento del álbum Partimpim, séptimo de la carrera de Adriana Calcanhotto, un trabajo catalogado inicialmente como disco infantil. Un álbum que supuso el nacimiento de un sólido heterónimo (Partimpim). Un trabajo que la propia Calcanhotto acabó definiendo como estilo libre. Y que marcó un antes y un después, una multiplicidad insospechada en la carrera de una de las cantantes más aclamadas de la nueva música brasileña.
Río de Janeiro. Una librería chic del selecto barrio de Leblón. Ella (Calcanhotto) va deshojando las confesiones de ella (Partimpim). “La idea de hacer un disco infantil es muy antigua, se me ocurrió en 1994. Sospechaba que iba a ser
un género más suelto, con menos reglas que el rock, el pop, la música electrónica...”, asegura con una voz tímida, sua-
ve, dulce. “Sabía que se llamaría Adriana Partimpim, que es el nombre que inventé cuando era niña. Cuando acabé de
grabar decidí asumir el nombre como heterónimo. Adriana Calcanhotto tiene una discografía y Partimpim otra”, matiza. Cuando lanzó Partimpim, Calcanhotto no sospechaba que sería un éxito absoluto, nacional e internacional. Y principalmente para adultos. “Cuando era niña odiaba la música para niños. Yo oía desde muy pequeña jazz, bossa
nova, con mis padres. Y música romántica, como Roberto Carlos, con las criadas. Por eso nunca creí en ese concepto
de música para niños. Al mismo tiempo, sentía que la música para adultos tenía demasiada seriedad, demasiada rigidez. Por eso usé está fórmula mixta, este formato sin edad, para caminar en una nueva dirección”.
Partimpim generó un nuevo lenguaje. Un sonido elástico, leve. Ingrávido y profundo al mismo tiempo. Calcanhotto(apurando un café humeante en el corazón de Río de Janeiro) continúa desenmascarando los secretos de su íntima heterónima: “En el estudio de grabación, invité a músicos para grabar un CD para niños. Y como por arte de magia todos tocaban con ligereza, delicadeza, divertidos. Justo lo que buscaba”. El repertorio del álbum, paradójicamente, no era exactamente para niños: Saiba
(Arnaldo Antunes), Ciranda da Bailarina (Edu Lobo y Chico Buarque), Fico Assim sem você (de la pareja de funk de fa-
vela Claudinho&Buchecha)... Versiones, readaptaciones, ampliaciones. Nuevas fronteras de estilos/sonidos.Partimpim supuso, en cierto sentido, un punto y aparte. Pero no dejó de tener una relación de continuidad con trabajos anteriores como Cantada (2002), con arreglos electrónicos similares, o Maritmo (1998). El intimismo cantautoril de Senhas (1992) quedó ligeramente más distante. Y es que Adriana piensa que lo más importante para componer es “romper vínculos” con el trabajo anterior. “Prefiero no tener relación artística con el trabajo precedente”, matiza Adriana.
La grabación de Partimpim fue un verdadero experimento. Formal, de contenidos, de rutinas de trabajo. Fico Assim sem você emana un cálido e inigualable sonido retrofuturista. El músico Kassin tocando una Game Boy. Domenico manejando un sampler antiguo, un MPC. Con ambos músicos, que forman parte de la banda mutante de Moreno Veloso (que pasó por el escenario del Mercat de les Flors de Bracelona la pasada primavera), nació un naturalísimo
entendimiento que desembocó en colaboración permanente. Sorprendiendo a todos, Calcanhotto acaba de invitar a Do menico, a Kassin y a Moreno Veloso para su gira española. Meses antes (en la cafetería de Leblón) Adriana declaraba
su admiración por el trío, por el grupo poliforme que primero se llamó Moreno+2, después Domenico+2 y ahora Kassin+2. “Me gustaría hacer un grupo, Adriana+3”. Casi casi. La actual gira se llama +Ela. Y entre paréntesis Adrian+Moreno+Doménico+Kassin. El show pretende presentar trabajos de
Adriana (Calcanhotto), de ella (Partimpim), de los cuatro. Músicas inéditas, desconocidas. Nueva mutación, nuevo nombre, el nuevo lado oculto de las Adrianas. Adriana+ellos. Calcanhotto incorpora de esta manera a tres perso-
nas que representan la vanguardia carioca, un trío extremamente creativo y altamente tecnológico. “Yo uso esos recursos tecnológicos, ropajes contemporáneos. Pero ellos lo hacen con muchísima más naturalidad, tienen una relación con la informática mucho más natural. Yo no tengo ninguna preocupación de ser moderna”.
Adriana (Calcanhotto o Partimpim) habla de las posibilidades de los heterónimos. De Pessoa. De los artistas japoneses del gran periodo que “cambiaban de nombre varias veces a lo largo de la vida para salvaguardar sus libertades”. Cita a Matisse. La idea de cambiar de nombre para librarse de la reputación adquirida. Partimpim. Calcanhotto. ¿Existe
alguna diferencia entre ellas? Alguna de las dos habla: “Con Partimpim no hay expectativa. Ella puede inventar las co-
sas, autoinventarse con gran libertad y sin coherencia. Lo que hay en común en las dos es la simplicidad y el humor”. Y entonces la conversación se pierde, se enreda, se difumina. Las dos hablan de todo y nada (“amo la lengua catalana”, “tal vez deje de cantar”, “me encanta el arte plástico”, “mis canciones son paisajes cinematográficos”). Y en cierto momento, las preguntas están fura de lugar, de foco. Se transforman en nada, rebotan contra la pared/espejo. Sobran. “No, no –mascullan ambas al unísono–,
no me gustan las respuestas, prefiero las preguntas, preguntar”. Y después, apenas una sonrisa, un silencio. Y un recuerdo, una canción en la memoria, Oito anos, de Partimpim. Preguntas, preguntas: “¿Por qué el fuego quema?, ¿por qué la luna es blanca?, ¿por qué las uñas

En Directo, 18 julio, 2007

Bernardo Gutiérrez