Canción de las simples cosas
www.terra.com.ar 04/10/2004


Sólo acompañada por su guitarra, Adriana Calcanhotto dio un concierto conmovedor en el Gran Rex. La cantante mostró poco de su último disco Adriana Partimpim y se dedicó a repasar los temas de sus anteriores álbums.

Música en estado puro: Adriana Calcanhotto en vivo

La gaúcha Adriana Calcanhotto representa una posible síntesis a las diferentes tendencias de la MPB (Música Popular Brasileña), una nueva mezcla de corrientes en apariencia contradictorias, una resolución al juego de influencias y al mismo tiempo no deja de sonar brasileña ni cosmopolita.
En el Gran Rex mezcla con absoluta naturalidad canciones tan distantes como Clandestino de Manu Chao, la muy versionada Resistiré o Music, de Madonna. Temas que por obra y gracia de su antropofagia musical adquieren en ella otra dimensión, allí en los bordes tropicalistas se redescubren lozanos.

La cantante llegó a Buenos Aires con nuevo disco bajo el brazo: Adriana Partimpim. Durante el concierto aclara que su alter ego de la infancia no vino y descubre páginas de toda su discografía, en un formato que le sienta irresistible: sólo se acompaña por su guitarra.

Cuando canta Esquadros (“voy por el mundo prestando atención/ en colores de los que no se el nombre”), vibra el retrato autobiográfico de una artista empeñada en cantarle, en apariencia, a las simples cosas. No hay visos de grandes complejidades; en la minuciosidad se concentran sus canciones.

La puesta en escena funciona como un símbolo de su música. A la derecha de la cantante, otra guitarra. A la izquierda, un vaso de agua y una Laptop. Esa desnudez se proyecta a las canciones. Pocas notas expandidas por el aire: un ascetismo que bien podría estar embebido en el paisaje bossa nova, pero sin “batida” y mediando 40 años.

Cómoda en el centro del escenario, Adriana Calcanhotto maneja los hilos del show a su gusto. Habla, bromea y, sobre todo, canta. Desde su aparición hace unos años en Buenos Aires, ha crecido en convocatoria y hoy una multitud la escucha embelesada en el lleno Teatro Gran Rex. Definitivamente Calcanhotto parece haber recalado en el corazón de los porteños.

Una hora y media después del comienzo, la cantante se despide con Maresia. El público se queda esperando unos minutos a ver si vuelve. Tanto despojo no tiene sentido si no viene acompañado por otro condimento: la capacidad para emocionar. En el Gran Rex no quedaron dudas.

Andrés Casak