Artista
El País 17/07/2004
Adriana Calcanhotto (voz y guitarra española). Calle 54. Madrid, 15 de julio.
Cuenta historias que la mayoria de los assistentes no entiende por cuestión idiomática – Adriana Calcanhotto canta en portugués -, pero consigue tenerlos enganchados. Con una guitarra que toca con técnica limitada y una voz que dificilmente le alcanza para las exigencias de una melodía. Cabría suponer que con esos mimbres más bien escasos el resultado será mediocre. Nada de eso. Interviene la magia de la música. Misteriosos arcanos de los grandes artistas. Y Adriana Calcanhotto lo es.
Que estaba muy contenta de estar aquí – admitió burlona que lo dice en todos los lugares en los que se presenta – era más que simple cortesía. Por fin, tras dos intentos fallidos, primera actuación en España de quien ganó en abril el Premio de la Música al Artista Revelación Latina.
Adriana Calcanhotto (Porto Alegre, 1965) firmaba sus primeros discos Calcanhoto- con una sola “t”, según ella para no complicar la existencia a los periodistas – y sentía miedo y vergüenza de mostrar sus composiciones. Ahora las enseña. Y quien primero las suele escuchar es Maria Bethânia. Calcanhotto es una magnífica compositora (“Justo agora”, “Pelos ares”…) aunque durante hora y media brindó canciones autoria de Dé, Bebel Gilberto y Cazuza (Mais Feliz), el eterno Jobim (Ela é carioca, Eu sei que vou te amar), Madonna (Music), o Manu Chao (Clandestino). Y hasta un impagable tributo a Almodóvar – tambiém se pirra por la obra de Joan Brossa - , al que ya mencionaba en 1992 en su canción “Esquadros” (“colores de Almodóvar, colores de Frida Kahlo…”).
Canta lo que viene en gana. Y hace bien. Sólo dejó la guitarra para sacar un CD de su caja y colocarlo en un lector de compactos: arreciaron entonces los tambores sobre los que cantó “Vamos comer Caetano” humorística y tierna visión de Caetano Veloso. Dice ignorarlo todo de la teoría musical y la armonía y confiesa su atracción por la ideologia punk y John Cage. Tres acordes, sentido rítmico y unas letras que son poemas – de la propria Adriana o de Antonio Cicero o del falecido Waly Salomão – formam su bagaje. Con un timbre de voz delicado y agradable y una presencia discretamente seductora.
Carlos Galilea
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